Kirguistán corrige el tiro sin tocar a Rusia

3 de noviembre de 2020, 1:6Por Antonio Rondón *

Moscú (Prensa Latina) Kirguistán vivió su tercera revolución desde 1990, con un cambio brusco de poder y de figuras al frente del gobierno pero sin tocar el curso de su política exterior, orientada a Rusia.

Tras más de 14 días de protestas y disturbios en la calles, debieron renunciar el máximo dirigente del Zhogorka Konesh (Parlamento), el primer ministro y el alcalde de Biskek, hasta llegar, finalmente, a la dimisión del presidente Sooronbai Zheenbekov.

El politólogo ruso Alexander Kniazov considera que Zheenbekov era una figura vista como símbolo de la estabilidad política, en medio de la crisis interna kirguisa. Además, tras los disturbios de octubre quedó como la figura del Estado que se mantenía con una base legal para ocupar su puesto.

De hecho, Zheenbekov fue quien solicitó a la Comisión Central Electoral que revisara los resultados de los comicios del pasado 4 de octubre, cuando 12 de 16 partidos quedaron fuera del legislativo, al obtener menos del siete por ciento de los votos para entrar a ese órgano.

Sin embargo, debió renunciar después que seguidores de Sadir Zhaparov, quien en medio de las protestas fue liberado de la cárcel donde cumplía condena desde 2013, demandaron la dimisión del jefe de Estado y la disolución de la sexta legislatura del Zhogorka Konesh.

El mandatario abandonó el poder tras escuchar promesas de que todas las jefaturas de los órganos estatales serían elegidas de forma legítima, aunque muchos analistas pusieron en duda esa posibilidad.

Zhaparov fue postulado por un partido opositor como nuevo primer ministro y debió esperar por tres sesiones a fin de contar con un quórum de 51 de 120 diputados para llevar a votación su ratificación en ese cargo, aunque muchos legisladores abogaban por otra candidatura.

Fue elegido como mandatario interino luego que la jefatura del legislativo varió en tres ocasiones hasta quedar en ese puesto Kanat Isaev, quien se negó a ocupar la Presidencia al considerar que carecía de base moral para hacerlo.

Para el diario Nezavisimaya Gazeta, Zhaparov se propondrá como principal tarea llegar a la jefatura del Estado en las presidenciales programadas para enero venidero y considerará como oposición a todo el que pueda hacer algo para impedirlo.

La publicación estima que el jefe de Estado interino, quien en esa condición no puede aspirar a las presidenciales, podría renunciar temporalmente a ese cargo y nombrar en su lugar a Isaev, para contar con base legal y presentarse en los comicios.

Al asumir como jefe de Estado interino, Zhaparov formuló un programa de cambios internos sin tocar la política exterior, sobre todo lo relacionado con el carácter estratégico de los nexos con Rusia.

El jefe de Estado transitorio se pronunció por realizar una lustración del legislativo, reducir el número de escaños a entre 70 y 90, así como disminuir el límite para entrar en ese órgano de siete por ciento a cinco y eliminar el cargo de Primer Ministro, destaca el diario ruso Kommersant.

Kirguistán forma parte de la Unión Económica Eurasiática (UEE), junto a Rusia, Belarús, Kazajstán y Armenia, y de la Organización del Tratado para la Seguridad Colectiva, recuerdan expertos.

Para acentuar su posición firme ante el caos interno creado por los disturbios en Biskek, Rusia anunció que suspendía la ayuda económica brindada al país centroasiático.

Ello suponía la congelación de la entrega de parte de los 500 millones de dólares incluidos en el Fondo de Desarrollo Ruso-Kirguiso, entre ellos 250 millones de dólares de los llamados créditos blandos, divididos en varios plazos con intereses muy bajos. Además, otros 100 millones de dólares deben llegar al país centroasiático por la línea del Fondo de Estabilidad y Desarrollo.

De hecho, el presidente Vladimir Putin recordó que su país invirtió 600 millones de dólares a fin de equilibrar la economía kirguisa y, de esa forma, permitir que llegara a los parámetros necesarios para ingresar a la UEE. Ello incluyó creación de empresas y obras de infraestructura.

El rotativo Kommersant señala que Rusia condonó una deuda de Kirguistán por unos 700 millones de dólares, pero aún así, en medio de la contracción económica provocada por la pandemia y otras causas, el déficit presupuestario kirguiso llegó a 427 millones 511 mil dólares.

Una visita a Rusia del ministro kirguiso de Asuntos Exteriores, Ruslan Kazakbaev, pareció resolver el asunto de la ayuda congelada. Por cierto la deuda externa de Kirguistán asciende ahora a cerca de cinco mil millones de dólares.

Al menos mil 700 millones de dólares pertenecen a créditos recibidos desde el gigante asiático, una cifra muy superior a los 10 millones de dólares otorgados en 2008. Para cumplir con ese compromiso se lanzó una iniciativa con vistas a que cada ciudadano haga su aporte para pagar esa deuda.

Para acentuar su compromiso con Rusia, la dirección de Kirguistán situó a Artur Novikov, de origen ruso, como viceprimer ministro encargado de los procesos económicos y de integración.

El consejero de Zhaparov, Kubatbek Rajimov, declaró a Nezavisimaya Gazeta que desde Turquía llegaron advertencias de que los disturbios fueron organizados por la agrupación FETO, que Ankara considera está vinculada a Fethullah Gulen, un imán turco residente en Estados Unidos.

Para el presidente Recep Tayyip Erdogan, Gulen pretende crear un gobierno paralelo controlado por él en Turquía y por ello lo declaró su enemigo número uno.

El llamado panaturquismo que Ankara pretendió reforzar en Kirguistán podría quedar, a su vez, bien debilitado ante la realidad que vive esa república exsoviética, donde Rusia aparece como el puerto más seguro para sus relaciones económicas y geoestratégicas, señala Nezavisimaya Gazeta.

Aunque más bien pareció ser una recomposición de influencias dentro de la misma élite política, quizás la conclusión más visible de la llamada tercera revolución kirguisa es el papel crucial de Rusia para la vitalidad económica del país centroasiático.

arb/To

*Corresponsal jefe de Prensa Latina en Rusia


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